top of page

Infancias migrantes: una realidad ignorada

Foto del escritor: Val Hernández
Val Hernández
29 may
13 min de lectura

Proyecto transmedia y multimedia publicado en Conexión Sabana 360

Dirección del proyecto. Realizadora de: Reportaje escrito, entrevistas, juegos, historietas, infografía de discriminación.

En co-autoría con María Juliana Betancourth, Simón Andrés Hernández y Juan Sebastián Castiblanco.



Antes de comenzar este viaje, te invitamos a participar en este foro artístico. Usa el tablero de abajo y dibuja lo primero que se te venga a la cabeza cuando escuches la palabra «migrante».


La única regla es que seas 100 % auténtico con tu respuesta. No busques en Google, no le pidas a ChatGPT que lo haga, no le preguntes a quien tienes al lado ni intentes hacer una obra de arte perfecta. No necesitas ser migrante para participar, ni tampoco ser un gran ilustrador. Solo hace falta tener la mente abierta y la disposición para aprender cosas nuevas.


Al final, este dibujo será tu "prueba" personal para ver el antes y el después de leer nuestro proyecto. Podrás comparar cómo entraste y cómo saliste de este recorrido, además de ver lo que otros lectores han ido aportando en el tablero.


Juego disponible en Conexión Sabana 360


Hay una edad en la que todavía no sabes bien quién eres. Y hay familias que, en ese mismo momento, lo dejan todo y cruzan una frontera. Para los niños que llegaron de Rusia, Chile y Venezuela a los municipios de Sabana Centro, crecer significó algo doble: construirse por primera vez y reconstruirse al mismo tiempo. Aprendieron cuándo esconder el acento, cómo responder cuando les preguntan de dónde son, qué queda de ellos cuando el idioma de la casa ya no sirve afuera. Esta es su historia, y también, aunque no lo parezca, la nuestra.


"Migrar es una palabra muy grande porque son muchas emociones, muchos cambios, (...) pero algún día tengo esa esperanza de volver a casa". Adarilis de Jesús Leiva - Migrante venezolana

En Colombia, cuando alguien dice «migrante», usualmente se piensa en Venezuela. Tiene sentido: cerca de tres millones de venezolanos viven hoy en el país y la crisis que los empujó a salir ha sido tan grande y sostenida que se volvió el rostro predominante de la migración en nuestra región. Pero hay un número que esa narrativa deja fuera: entre 2017 y enero de 2026, Colombia expidió cédulas de extranjería a más de 23 000 menores de 17 años. Sin embargo, el 74 % no fueron venezolanos (ver infografía), sino 17 626 niños y adolescentes de otras nacionalidades. La migración infantil en la nación cafetera tiene un rostro en el imaginario colectivo, pero la realidad estadística difiere.


Las historias no caben en una sola categoría: hay familias que huyeron de una guerra, unas que siguieron una oportunidad laboral, otras que empacaron todo por una decisión personal. En todas, hay niños de distintas latitudes que llegaron a una misma región y se enfrentaron a un interrogante: ¿cómo conservar la identidad del país de origen y convivir con las particularidades de la patria que los cobijó?


Migración mata prejuicio

Mucho antes de que existieran los pasaportes, las fronteras o las cédulas de extranjería, los seres humanos ya circulaban por el mundo. La migración no es un fenómeno moderno ni una crisis reciente; es una constante de la historia humana. La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) reconoce que las personas siempre se han desplazado en busca de mejores condiciones de vida, huyendo de conflictos o simplemente explorando nuevos territorios. Lo que ha cambiado con el tiempo no es el impulso de moverse, sino las barreras que se han construido alrededor de ese movimiento.


Según datos del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas (UNDESA), analizados por la OIM en su Informe sobre las Migraciones en el Mundo 2026, a mediados de 2024 había 304 millones de personas viviendo fuera de su país de origen, casi el 4 % de la población mundial. Colombia, con 3,1 millones de migrantes internacionales ese mismo año, es uno de los principales países receptores de la región.


En cuanto a los menores de edad, el dato más reciente disponible proviene de UNICEF y la Alianza Mundial de Datos sobre Niños en Movimiento, que con base en la información de UNDESA calcularon que en 2020 los niños representaban 35,5 millones del total de migrantes globales y que el 36,3 % de los migrantes en Colombia eran menores de 18 años.


Audios disponibles en Conexión Sabana 360 o Spotify


La OIM utiliza «migrante» como un término paraguas que abarca a cualquier persona que se desplaza desde su lugar habitual de residencia, ya sea dentro de un país o cruzando una frontera internacional, de forma temporal o permanente y por razones diversas. Dentro de esa concepción del término conviven perfiles muy distintos. Está quien escapa, ya sea de una guerra, de una persecución o de un desastre natural, en lo que se denomina migración forzada: un movimiento que implica fuerza, compulsión o coerción. Quien huye y cruza una frontera internacional puede calificarse como refugiado, una figura reconocida por el derecho internacional que implica protección específica por parte del Estado receptor.


Pero, antes de que ese reconocimiento ocurra, es catalogado como solicitante de asilo, alguien que busca protección internacional y cuya solicitud aún no ha sido resuelta. No todo solicitante de asilo termina siendo reconocido como refugiado, pero todo refugiado comenzó siéndolo.


Luego, están quienes salen por otras razones: trabajo, familia, educación, oportunidad. Su Estado de origen se responsabiliza de su protección. Este proceso migratorio, aunque también implica rupturas profundas, opera bajo condiciones legales distintas.

Y entre esos dos extremos, existen los llamados movimientos mixtos: flujos en los que personas con perfiles diferentes viajan usando las mismas rutas. Pueden ir mezclados solicitantes de asilo, migrantes laborales, niños no acompañados y familias enteras que simplemente buscan algo mejor. Las familias que llegan a Sabana Centro representan exactamente ese espectro.


Colombia: destino de muchos


Que el país se haya convertido en receptor de migrantes no era algo evidente hace apenas tres décadas. "Colombia pasó de ser país expulsor a receptor", explica el Dr. César Mauricio Vallejo Serna, codirector del Observatorio de Migraciones de la Universidad Externado. Y es que, según datos de la Cancillería con corte a 2023, al menos 4,7 millones de colombianos residen actualmente fuera del país.


"Nosotros, después de México en Hispanoamérica, éramos el país con más nacionales fuera de sus fronteras. Superábamos los 5 millones. Hoy por hoy, tenemos más de 2,8 millones de venezolanos en Colombia y eso es algo para lo que no teníamos tradición institucional ni cultural". Dr. César Vallejo, Co-Director del Observatorio de Migraciones de la Universidad Externado de Colombia

La migración venezolana, aunque dominante en cifras, no es la única que ha reconfigurado el mapa demográfico del país. Vallejo señala que Colombia también ha recibido un incremento importante de otras nacionalidades como la haitiana y la cubana, así como de personas provenientes de países del Sudeste Asiático, del Medio Oriente, del África subsahariana e incluso familias rusas que salieron tras la invasión a Ucrania en 2022.


Dentro de Colombia, Sabana Centro tiene su propia lógica de atracción. Municipios como Zipaquirá, Cajicá, Chía y Cogua ofrecen algo que Bogotá no puede: costos de vida significativamente menores sin alejarse demasiado de la capital. "Bogotá sigue siendo el referente. Yo me puedo ir a un lugar donde los costos sean menores, pero que no me quede tan lejos de Bogotá", dijo Vallejo.


La capital ofrece servicios de salud, educación y oportunidades laborales que los municipios aledaños por sí solos no tienen, pero vivir allí es financieramente inviable para muchas familias migrantes. Sabana Centro funciona entonces como solución intermedia: accesible económicamente y conectada con la ciudad. En varios de los municipios, según cifras del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), más de la mitad de los habitantes no son originarios de allí.


Sin embargo, esa presencia no ha sido acompañada de política pública proporcional. La respuesta institucional en la región ha sido fragmentada y tardía. Según datos de la Gobernación de Cundinamarca, los municipios de Chía y Zipaquirá concentran el mayor número de población migrante de la región; por ese motivo, en 2021 se lanzó el primer plan piloto de banco de empleo para migrantes.

En 2023, Migración Colombia inauguró dos centros de atención en Tocancipá para cubrir los 11 municipios de Sabana Centro; un avance, pero insuficiente para la magnitud del fenómeno. En agosto de 2025, la Secretaría de Gobierno de Cundinamarca anunció nuevamente la instalación de una oficina de Migración Colombia en Zipaquirá, que serviría como punto de caracterización de la población migrante en toda la provincia. A la fecha de publicación de este reportaje, no hay confirmación de que esa apertura se haya concretado.

"Son políticas a corto plazo del gobierno que está de turno", reconoció el historiador Jorge Alejandro Vega, y añadió: "Llega otro gobierno, hace un cambio, y los programas existentes se interrumpen". A eso se suma la reducción de recursos internacionales: la retirada de ayudas de cooperación de Estados Unidos dejó, hace más de un año, a proyectos de la Cruz Roja, el Consejo Danés y el Consejo Noruego para Refugiados operando con los últimos fondos disponibles.

Derechos sin adjetivos

Colombia tiene uno de los marcos normativos más robustos de Hispanoamérica en materia de protección a la infancia migrante. "Un niño en Colombia tiene todos los derechos, sin adjetivos. No importa si es migrante, si es pobre, si es rico. Un niño, por el simple hecho de ser niño, tiene todos los derechos", explicó el Dr. Vallejo.

Esa protección opera en dos niveles simultáneos. Por un lado, la Constitución Política de Colombia establece en su artículo 44 el interés superior del menor como principio rector, lo que convierte a los niños y niñas en sujetos de especial protección constitucional.

Por otro lado, Colombia ha ratificado instrumentos internacionales como la Declaración de los Derechos del Niño y, a nivel interno, ha promulgado la Ley 2136 de 2021 —la primera política integral migratoria del país—, reforzando esa protección más allá de las fronteras nacionales.


"No importa si son migrantes o no, cuál es su estatus, si están en situación regular o irregular tienen derecho a la educación, a ser escolarizados". Dr. César Vallejo

Cuando esos derechos son vulnerados, la herramienta más poderosa disponible es la acción de tutela, pero además Colombia cuenta con reformas al Código Penal que tipifican los actos discriminatorios como delito, con penas que pueden incluir prisión. "En Colombia está no solo la vía constitucional para evitar violaciones de derechos humanos sino también se pueden perseguir actos discriminatorios de manera penal cuando ocurren contra personas migrantes por el hecho de ser migrantes", indicó Vallejo.


Sin embargo, la distancia entre lo legal y lo real sigue siendo amplia: hay entidades que se niegan a aceptar que no deben tratar de manera diferente a los migrantes en situación irregular, y el cambio institucional ha sido lento.


Aprender a ser diferente


La xenofobia, el rechazo al extranjero por el simple hecho de serlo, no siempre explica lo que les pasa a los niños migrantes en los colegios de Sabana Centro, como les sucedió a los entrevistados. Hay otro fenómeno, más silencioso y más específico: la aporofobia.


Su lógica es simple: no es el pasaporte lo que genera rechazo, sino la condición económica. Eso explica por qué una familia rusa de profesionales puede ser recibida con curiosidad y hasta fascinación en un determinado municipio, mientras una familia venezolana que llegó caminando desde la frontera enfrenta puertas cerradas, miradas de desconfianza o hasta insultos.


No obstante, la discriminación raramente opera con una sola razón. Vallejo describió un fenómeno que los estudios sociales llaman interseccionalidad: "No solo te discriminan por ser migrante, sino además por ser mujer, o por ser negra, o por hablar con tu acento, o por parecerse estéticamente a una población que ya han etiquetado como migrante. La forma de vestir, el tono de voz, la altura; cualquier rasgo que haga visible la diferencia puede convertirse en detonante", expresó.


El colegio es el punto clave donde todo eso se vuelve real para un niño. Según el psicólogo Paulo Daniel Acero Rodríguez, especialista en trauma y duelo, los niños no llegan discriminando, sino que aprenden a hacerlo. Son los adultos, familiares, profesores, e incluso las redes sociales quienes instalan la diferencia como problema antes de que el niño pueda experimentarla.

"Si tú le preguntas a un niño común y corriente si en su salón hay alguien diferente, el niño dirá 'no, en mi salón hay niños'. Las distinciones empiezan a ser producto de lo que los adultos le han dicho". Dr. Paulo Daniel Acero Rodríguez, psicólogo especialista en trauma y duelo

La experiencia real de los menores confirma que el entorno lo cambia todo. Un niño ruso de 13 años que llegó a Zipaquirá en 2022 recuerda dos realidades completamente distintas según el colegio: "Cuando entré al colegio y me veían hablar en ruso era como wow. Todos los días me preguntaban una palabra nueva en mi idioma", señaló.


Pero en otra institución, la historia había sido diferente: "Se burlaban. Decían que somos agresivos". Hoy navega ese entorno con una estrategia silenciosa: "No les digo nada, pero tengo amigos que me apoyan. Si ven que me dicen algo, pues intervienen". Su hermano de 10 años lo afirma con una honestidad desconcertante: "Me molestaba que hablaran mucho de eso... de que yo soy ruso. Me fastidiaba un poquito".


Esos "un poquito" acumulados son los que dejan marca. Demuestran que, lamentablemente, los colegios no son espacios seguros por defecto. El caso de la familia chilena entrevistada para este reportaje, cuyos hijos eran reprendidos cuando respondían "qué" en vez de "señor/a", como es costumbre en Chile, es el ejemplo más claro.

"Se les exigía usar expresiones colombianas a personas que hablan español, que es la lengua común. Si eso pasa entre países que somos tan cercanos culturalmente, imagínate cuando la integración multicultural resulta más difícil por la barrera del idioma o la religión". Dr. César Vallejo

El resultado fue que los niños dejaron de hablar "chileno" fuera de casa por miedo al rechazo. La discriminación, entonces, no es solo un problema de actitudes individuales. Es un patrón que se transmite, que se aprende y que encuentra en el colegio su primer campo de batalla, justo en el momento en que un niño migrante más necesita sentir que pertenece.


El país se queda en ti


Migrar no es solo cambiar de dirección. Es también perder, o al menos suspender, una versión de uno mismo. El psicólogo Acero lo describió de esta manera: "El duelo migratorio tiene una particularidad, y es que yo sigo teniendo unos referentes allá en el horizonte, pero no los he perdido por completo. En los otros tipos de duelo la pérdida es sí o sí. En el duelo migratorio lo que hay es una nostalgia permanente, una añoranza de volver a estar con quienes estaba."


La frase "tú te puedes ir del país, pero el país se queda en ti" del niño ruso con tan solo 13 años contiene algo que la psicología del duelo migratorio ha tardado décadas en formalizar. Acero reconoció que los más pequeños, lejos de abandonar su identidad de origen, van construyendo lo que él llama una cultura binacional: acogen el lugar de llegada porque los recibió, porque encontraron afecto, porque se sintieron seguros, pero no borran de dónde vienen.


En la casa de esa familia rusa, construida hace más de 400 años en el municipio de Cogua, los DVD de ballet clásico, las novelas históricas, los diccionarios y los CD de música tradicional rusa se mantienen bien cuidados en la vieja biblioteca, que está siendo lentamente trasladada a la casa en el árbol de los niños. El tío intenta aprender ruso, la mamá tiene un grupo de compatriotas que se ayudan con los papeles, con el examen para el pase de conducción, con el cambio de rublos a pesos. La identidad no desaparece, encuentra formas de sobrevivir en los márgenes.


Pero la presión de adaptarse es real, y sus efectos también. El hermano menor de ese mismo niño llegó a Colombia con dos años, una edad en la que el lenguaje todavía está tomando forma. "Se le dificultaba el español porque solo hablaba con mi papá a veces, y era muy chiquito", recordó el mayor.


Cada uno carga una versión distinta de la misma historia. La edad en que se migra lo cambia todo, según Acero. "Entre más pequeño sea el niño, menos dificultad para adaptarse", indicó. "Para un adolescente ese va a ser un choque difícil, probablemente ahí se presente el bullying, la discriminación, el miedo a si será aceptado o no".


Emily, la hija de Angelika, llegó a Colombia con 5 años sin hablar una palabra de español. "Los primeros dos o tres meses la vi muy estresada", explicó su mamá. Después de un mes comenzó a hablar poco a poco. La adaptación lingüística fue rápida. Pero la exposición al rechazo también.


Lo que los niños sienten no siempre llega en palabras. Acero describió aquellas señales que suelen aparecer: "Tenemos niños [a los] que se les dificulta dormir, niños que vuelven a mojarse cuando ya habían ganado el control de esfínteres, niños que se callan y se aíslan cuando tenían una buena capacidad de socialización." Esos son los impactos inmediatos; los más profundos toman más tiempo. A veces, incluso, aparecen en el juego: en las pistolas de agua, en los equipos de espías, en las guerras imaginarias que algunos niños que crecieron cerca de un conflicto siguen recreando sin que nadie les haya pedido que paren.


El trabajo, sin embargo, no es solo del niño. "Cuando un adulto habla acerca de su experiencia difícil, cuando verbaliza lo que está ocurriendo, es como si le dijera al niño: de esto se puede hablar", explicó el psicólogo. Los padres que callan para proteger a sus hijos, sin saberlo, transmiten la señal de que lo que vivieron resulta demasiado grande para nombrarse. Y lo que no se nombra no se procesa.


"Hay que darles el espacio de acompañamiento para que hagan esa transición y entiendan que esos son elementos que pueden atemorizar a quienes están alrededor". Dr. Paulo Acero

Redes que sostienen


Frente al vacío institucional, la sociedad civil lleva años construyendo lo que el Estado no ha terminado de garantizar. La Fundación Radaber, en Tocancipá, y la Fundación Juntos Se Puede, con atención en Bogotá, Chía y Zipaquirá, son dos de las organizaciones que operan en Sabana Centro atendiendo a familias migrantes de múltiples nacionalidades, no solo venezolanas.


Juntos Se Puede atendió el año pasado a 2500 niños, y de 650 consultas pediátricas solo 250 pacientes resultaron completamente sanos; el resto presentaba malnutrición, obesidad o ansiedad. Radaber, por su parte, realizó un estudio sobre incidencia criminalística con cinco entidades gubernamentales colombianas para contrarrestar los prejuicios que dificultan la integración: el resultado fue que solo el 6,6 % de los casos correspondía a migrantes venezolanos. Un dato que, según la fundación, desmonta uno de los imaginarios más dañinos para la convivencia en la región.


Ese diálogo ha empezado a tomar forma institucional, aunque lentamente y con un enfoque todavía acotado. El 14 de mayo de 2026, Chía anunció la inauguración de un Centro de Servicios Migratorios dentro del Centro Administrativo y Operativo de Seguridad (CEAS), el primero de Sabana Centro con presencia física de Migración Colombia. Sin embargo, está orientado principalmente a la población venezolana. Los niños rusos, chilenos y de otras nacionalidades que llegaron a la región siguen navegando el sistema por otras vías.


Esa es la paradoja más visible de la migración infantil en Sabana Centro: los avances existen, pero siguen respondiendo al rostro que el imaginario colectivo le pone a la migración. El niño ruso tiene su equipo de fútbol; Dominique quiere ser bióloga marina en Viña del Mar y Fernando encontró su lugar seguro en el gimnasio. Son los niños que los datos no muestran. Los que crecieron dos veces, en dos idiomas, en dos países, sin que nadie les preguntara si querían vivir y desarrollarse en esta tierra.


Otros formatos disponibles en Conexión Sabana 360

  • Historietas para distintas edades

    • Emi, la chigüirita (0-3 años)

    • Domi llega al colegio (3-5 años)

    • Del mar y las montañas (5-8 años)

    • El peor día de mi vida (8-10 años)

  • Data Storytelling: Llegada de migrantes a Colombia entre 2020 y 2026: los aeropuertos colombianos que concentran el ingreso de población migrante

  • Juegos

    • Dibujo: "¿Qué imaginas cuando escuchas la palabra migrante?

    • Trivia: "Crecer dos veces"

  • Infografías

    • La migración infantil en Colombia no tiene una sola nacionalidad

    • Flujos migratorios 2022: principales países de origen

    • Discriminación: Conceptos y definiciones

  • Testimonios en audio

    • Ahora o Nunca

    • Los Buenos Somos Más

    • Nadie Sabía Que Soy Rusa

    • Escuela, Bullying, y Fútbol



Entradas recientes

Ver todo
Los postres que impulsan el turismo en Sabana Centro

Publicado en Conexión Sabana 360. En co-autoría con Carolina Vargas. Hace unos meses, el 25 de mayo, el negocio de postres Cuchipanda, ubicado en Tabio, celebró su aniversario rubí: 40 años desde su a

 
 
 

Comentarios


bottom of page